Never Alone, Donna Haraway

(Extracto de mi tesis)

En realidad no todo está conectado a todo, dice Haraway, pero todo está conectado a algo. Los juegos de cuerdas de los indios americanos representan este vaivén de relaciones múltiples interdimensionales. Un juego tradicional que data de tiempos prehistóricos que precisamente sirve de contenedor de historias sobre el cosmos. Cada una de las figuras es el pretexto para una narración sobre los ancestros, o sobre las constelaciones, usando las cuerdas para dibujar tridimensionalmente. Estas figuras son a la vez “prácticas de pensar y hacer, prácticas pedagógicas y actividades cosmológicas”. Los navajo describen estos juegos como una especie de patronaje para restaurar la hózhó, que se traduce de manera imperfecta como armonía, belleza, orden, no solo entre humanos, sino también entre humanos y no humanos. “No en el mundo, sino del mundo”, dice Haraway.

Captura de pantalla del videojuego Never Alone.

Volviendo al pensamiento metafórico, la metáfora, -del griego meta (fuera o más allá) y pherein trasladar)- actúa como un desplazamiento (sorprendentemente los autobuses y trenes en Grecia se denominan metáforas). La metáfora es una transferencia de las características de una cosa a otra: el mundo no es como un cuerpo sino que es un cuerpo, sirve para mapear un dominio en los términos de otro. La metáfora no es el resultado de una construcción lingüística codificada, sino una herramienta de conocimiento, una “epistemología de la relación” que comienza en la percepción más íntima de nuestro propio cuerpo y nuestro cuerpo percibiendo. Una inteligencia intuitiva que es capaz de relacionarse indistintamente con lo humano y lo no humano sin mediación tecnológica o codificación lingüística. Quizás sea esto a lo que se refiere Haraway cuando habla de la necesidad de un pensamiento tentacular, que nos sirva para enfrentarnos a la catástrofe ecológica del antropoceno: generar nuevos parentescos raros, creados con ayuda de la imaginación -El Kin (pariente) es según ella una “categoría salvaje”, que se puede domesticar generando parentescos extraños, parentescos raros que se sumen al parentesco divino, la familia biogenética y la genealógica. La forma que toma este parentesco raro requiere de una fabulación especulativa entrelazada con el hecho científico, algo que retomaremos más adelante en el capítulo sobre geomancia.

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