Moon Rivas, danzas telúricas

Moon empezó por llevar a modo de pulsera un sensor que vibra ante cualquier seísmo a partir de 1 grado en la escala Richter. Eso fue en 2013. Luego se lo implantó en un codo, y finalmente decidió incorporar un sensor en cada tobillo, mediante una pequeña cirugía, para sentir los temblores en sus pies.

En 2010, Neil Harbisson y Moon Ribas crearon la Cyborg Foundation, una organización internacional destinada a dar cabida a cuantos humanos opten por adquirir esta nueva identidad, convirtiendo los dispositivos tecnológicos en una parte más de su ser. Y a defender sus derechos. Ahora, Moon está experimentando con la posibilidad de sentir también los movimientos sísmicos de la Luna, los ‘lunamotos’. Con ellos hará coreografías selenitas, al igual que ahora también se gana la vida con las danzas telúricas que interpreta en teatros y museos. Ser ciborg es una identidad. No es cuestión de tener tal o cual dispositivo, sino sentirte como tal. Hay quienes tienen tecnología en su cuerpo por razones médicas, como un marcapasos o un implante coclear, y no tienen por qué sentirse cíborgs.

Un amigo mío asegura que todos tenemos un tercer ojo en el espacio: el telescopio espacial Hubble. Sería un dispositivo exógeno. De ahí la importancia de la identidad. Desde la fundación planteamos tres maneras distintas de sentirte cíborg. La primera sería psicológica. Y ahí entramos casi todos. Cuando tu móvil se está quedando sin batería, dices que te estás quedando sin batería; asumes que ese dispositivo es parte de ti. La segunda sería biológica, estando físicamente unido a la tecnología, como es mi caso, y una tercera sería neurológica, que implicaría una modificación de la mente y del cerebro después de haber estado unido a la tecnología por mucho tiempo. Y también es mi caso, pues ya he asumido las vibraciones que me producen los terremotos como un latido más. Artísticamente lo llamo el latido de la Tierra. Estoy desarrollando la posibilidad de sentir la actividad sísmica de la Luna, los ‘lunamotos’. Eso me permite estar físicamente en la Tierra pero tener los pies en la Luna. Eso lo llamamos ser un ‘senstronauta’. Podemos permanecer en la Tierra y, sin embargo, sentir hasta los temblores de la Luna. En Alemania, por ejemplo, un hombre que tiene un implante coclear y lo quiere ampliar para poder oír mucho más allá de la capacidad humana. Pero no puede porque ese implante pertenece a una empresa, que no quiere aumentárselo. La idea de la fundación es que se pueda defender el derecho de este señor a hacer con su cuerpo lo que quiera, aunque me consta que él ya está luchando por su causa.

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