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La Danza de las Abejas

Instrumento prehistórico zoadeira o bramadera cuyo sonido, tipo zumbido, que incluye infrasonidos, recuerda al sonido de las abejas.

RESUMEN DEL LIBRO

LOPEZ, Xoán-Xil, SANÍN, Mauro, Abellón, o Libro negro das zoadeiras. 2019.

En el libro “Abellón, O libro negro das Zoadeiras”, (2019) del artista sonoro gallego Xoán-Xil López y Mauro Sanín, se hace una completa revisión del uso de la bramadera o zoadeira, dentro de los rituales relacionados con las abejas, extendidos por todos los continentes y culturas. Contiene también una serie de instrucciones para realizar tu propio instrumento y algunas composiciones para ser interpretadas con ellos. López y Sanín hacen un recorrido por el zumbido como un sonido para-musical, ligado a rituales trascendentales en muchas culturas. Desde fuentes antropológicas, históricas o musicológicas, se adentran en el sonido del abejorro y de la abeja dentro de las prácticas musicales más cercanas a lo ritual y ceremonial, además de proponer una serie de prácticas performativas utilizando la zoadeira, uno de los instrumentos que más imita el sonido del zumbar, pero no el único. Aunque el libro parte del contexto gallego, es una lectura más amplia de la relación del sonido de la abeja con su interpretación trascendente por parte de casi todas las culturas. Ramón Andrés afirma que el sonido de las abejas nos devuelve «una concepción del mundo como resonancia a una interrelación entre el Otro lado y los hombres» (Ramón Andrés, 2012, 357). 

En Galicia, las danzas de difuntos se acompañaban de este girar de la bramadera o zoadeira, en gallego, siendo un rito entre el juego y lo ritual, muy ligado también a las danzas circulares, en donde el giro y el círculo representan una idea de perpetuidad y repetición del ciclo.  Además del juego infantil de persecución del Abellón, en otras versiones es ejecutado por mujeres, en las tascas do liño, serans, filandóns o ruadas. En ellas se sentaban las mujeres en círculo en la cocina y hacían un canto de abeja o abejón además de tocar la pandereta. 

Este podría ser, apuntan en el libro, el origen del rito qué sé realiza para acompañar al difunto teniendo tanta popularidad en algunas partes de Galicia que ir al velatorio se llamaba “ir a abellón”, y consistía en hacer círculos alrededor del muerto mientras se cantaban los zumbidos imitando a las abejas para ayudar a su alma a ser ligera. Una práctica que se consideraba pagana por la iglesia ya que convierte el velatorio en un ritual casi festivo. Quizás empezó como un juego o distracción durante el velatorio que luego se transformó en algo más grande con un significado más profundo y especial aunque podría ser al revés también, qué siendo un ritual acabara por reducirse a un juego infantil. También el mundo anglosajón en algunas zonas de Francia y en Asturias o el país Vasco era importante contarle en persona a las abejas que alguien de la casa había fallecido, además de cubrir los enjambres en estas ocasiones con un paño negro P. 28

En Galicia, algunas casas disponían en sus edificios directamente en el muro una pequeña abertura desde la que podían acceder a la miel, siendo por tanto un sonido cotidiano en el hogar ese zumbido del enjambre. El sonido de las abejas, dicen López y Sanín, remite a una resonancia cósmica, que se ve reflejado en los numerosos ejemplos de rituales asociados con este sonido y con la mitología de las abejas. Muchos autores coinciden en el significado místico que se les ha dado a los insectos y la importancia del sonido para relacionarse con ellas y con su poder, ya es que están presentes en los relatos míticos de muchas culturas desde la antigüedad y en muchas prácticas rituales. 

Seleccionamos algunos ejemplos que se encuentran libro P. 30-32: 

  • En el bosque de Ituri, los hombres y mujeres se separan en dos grupos y mientras ellos danzan imitando a los recolectores de miel haciendo una línea ondulante que cruza el campamento. Las mujeres bailando, hacen otra fila en el límite, representando a las abejas. Ambos grupos se van acercando mientras entonan un zumbido rítmico y los hombres hacen que las oyen pero no las ven. En ese momento las mujeres cogen troncos de madera ardiendo y golpean suavemente sus cabezas para que les caigan pequeñas brasas como si fuesen un aguijón tras lo cual todos recogen las brasas y forman una hoguera con hojas especiales húmedas que forman grandes nubes de humo. Después se dan palmadas y los hombres hacen sonar sus “chiffres” y todo el mundo entona una canción mágica que viaja con el humo atrayendo a las abejas, con el fin de obtener más miel. 
  • Rituales con el mismo fin se realizan en Jambi, Sumatra, dónde las canciones de nuevo son cautivadoras de los insectos y estas composiciones seducen a la naturaleza en un cortejo estructurado que asegura su efectividad relacionándose con las divinidades y las abejas. 
  • También en la isla filipina de Palawan se usan objetos para hablar con la divinidad que está controlando el enjambre a través de un «lambay» qué consiste en una celebración que también está vinculada al maestro del arroz y consigue que las abejas y sus dioses abandonen el «gunay gunay» y se aproximen tras un largo viaje bajo el agua 
  • En otro ejemplo los pigmeos Baka en Camerún realizan un juego de mimesis sonora que se llama «mando». Una palabra que describe el sonido de la colmena. «10 mujeres nuevas» entran en una de las cabañas y realizan una polifonía muy compleja que imita el movimiento de las abejas de modo que se puede escuchar cómo se dibujan diseños geométricos y bucles como si fueran un laberinto sonoro. (Arom y Renaud 1977, 6). 
  • Los chamanes Ndembu en África hacen un ritual para sanar que se en el que se disfrazan de abeja, y recogen plantas medicinales mientras recrean sonidos de zumbidos obsesivos por encima de un fondo percusivo hasta que acaban de preparar el ungüento. (Andrés, 2012, 120). 
  • En la región de duboka en Rumanía a finales del siglo XXI, Mircea Eliade asegura que se festejaba una ceremonia religiosa durante 3 días en el que las mujeres entraban en un trance místico del que eran despertadas gracias a la canción del abejorro interpretada por 2 hombres y 3 mujeres (Alonso Romero, 2000, 82). 
  • Los egipcios asociaban a Osiris, Rai y Neith con las abejas y el templo dedicado a esta última en Sais se llamaba «Casa de la abeja», o per-bit (Andrés, 2012, 20). 
  • Zeus por su parte fue alimentado por ellas en un relato que recuerda a los mitos de los Warao amerindios o los Tupi en Brasil. 
  • Las abejas se asocian también con los oráculos de Grecia y Roma, especialmente el de Delfos en el santuario de Apolo, que aparentemente había sido construido por abejas y pájaros utilizando plumas y cera. 
  • Los monjes sufíes no podían ingerir animales ni alimentos derivados como la leche o la grasa excepto la miel ya que induce al conocimiento y contiene trazos de revelación puesto que el señor se reveló a las abejas. (Radtke, et. Al. 1996, 165).

Mediante la danza y los zumbidos, en movimientos que siguen patrones, las abejas se comunican al resto, en lo que se llama zoosemiótica (intercambio de señales en cualquier especie), conformando un lenguaje cinético. En esa coreografía, que aún no se han decodificado por completo, ya que ocurre dentro de la colmena, se unen la danza, la vibración, la emisión de feromonas y el flujo de aire, así como la percepción de campos eléctricos y magnéticos. Si una abeja encuentra recursos cerca de la colmena regresa y comienza una danza circular, variando la frecuencia y el rumbo de la marcha, momento en el que sus compañeras salen de la colmena para encontrar el objetivo.. Estos movimientos emiten infrasonidos con tonos entre 200 y 300 Hz, es decir en un intervalo de La y Mib, en secuencias de sonido y silencio que duran 15 milisegundos. Aunque las abejas no tienen un aparato auditivo perciben las vibraciones a través de patas y antenas, y más específicamente a través de una parte llamada órgano de Johnson. (Frisch 1984, 152), (Tsujiguchi 2007), (Michelsen 2003, 165). Un apicultor con experiencia es capaz de adivinar lo que ocurre dentro de una colmena, interpretando además toda la diversidad de trinos, seseos y tonos agudos que le dan una dimensión musical al comportamiento de las abejas, lo que ha sido inspiración para poetas y músicos de todas las épocas. 

La palabra zángano (macho de la abeja, abejorro), parte de la onomatopeya zang, que también compone zumbido y zumbar. En inglés bee drone y en francés faux-bordon (falso bordón). En latín, el macho de la abeja es burdo/burdonis, y podría tener también un origen onomatopéyico. El término bordón se usa generalmente para definir los instrumentos musicales que provocan una sensación acústica similar. Por ejemplo, los instrumentos de cuerdas graves o algunos sonidos de campanas, órganos, y otros como el sruti en la música hindú, o el didgeridoo de la música australiana, o en usos de la voz como los cantos rituales del Tíbet o en las diafonías de los khoomii de Tuva en Siberia; en la música gallega, la zanfona o la gaita. La sonoridad drone, o de bordón, recuerdan López y Sanín, está en realidad muy extendida en la música popular tradicional y también estuvo presente en las vanguardias minimalistas y la electrónica. En la música contemporánea ponen el ejemplo de la “Dream house” (1969), de La Monte Young y Marian Zazeela, en Nueva York, un espacio inmersivo concebido como un “ente” sonoro-lumínico, donde escuchar una armonía que evoluciona de manera lentísima.

“El uso de las notas prolongadas como elemento estructural tiene una gran relevancia dentro del acompañamiento de algunas prácticas religiosas por su capacidad para alterar nuestra conciencia a través de la “contemplación” sonora. Esto ocurre, por ejemplo, en las entonaciones védicas, en las cuales se realiza la lectura de dos textos sagrados murmurando una nota constante y muy grave “sobre la sílaba Hum, para imitar el zunzún de las abejas” (Schneider, 2010, 238).” p. 34 del libro

La imitación de truenos, el viento o las voces animales, para invocar su poder está muy extendida en casi todas las culturas. Muchas veces se realiza la imitación con la voz, unida al aliento, constituyendo lo que Schneider llama un “ritmo-símbolo”, que veremos más tarde, donde la voz adopta su ascendente místico para invocarlo. Esa imitación es una transformación del alma, cuando se establece una relación mística con las abejas, se imita el zumbido y su baile, y el cuerpo entero se convierte en un instrumento en un simulacro mágico. 

“El sonido del bordón se puede asociar a la forma del círculo, que representaría una repetición obsesiva, “ritmos y ostinatos que desbordan las capacidades de la percepción para saturar nuestros receptores acabando por inducir estados de trance, entendido este último como “un acontecimiento corporal que se caracteriza por el aumento de la emoción, la intensificación de la concentración y la pérdida de conciencia [y que] habitualmente implica amnesia y anulación del lenguaje interior”.” (Becker, 2006, 43).  

BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA DEL LIBRO

Arom, Simha y Renaud, Phillipe, The humming of the bees, Cameroon, Baka Pygmy Music, UNESCO, collection of traditional music, 1977  LP

Becker, Jodith, Deep Listeners, Music, emotion and trancing, Bloomington, indiana University Press, 2006. 

Andrés, Ramón, Diccionario de música, mitología, magia y religión, Barcelona, Acantilado, 2012. 

Alonso, Fernando: Las almas y las abejas en el rito funerario gallego del Abellón, Anuario Brigantino, N 23, pg. 75-84, 2000 

Butler, Charles, The femmenine monarchy of the story of bees, London, John Haviland, 1623. 

Caro Baroja, Julio, El carnaval. Análisis histórico-cultural.  Madrid, Alianza, 2006. 

Kirchner, W. H., Acoustical communication in honeybees, Apidologie, vol, 24, 3, pg. 297-307, 1993. 

Liang, C., Chuang, C., Jiang, J., y otros: Magnetic sensing through the abdomen of the honey bee, Sci Rep, 6, 23657, 2016. 

Michelsen, Alex, Karl von Frisch lecture. Signals and flexibility in the dance communication of honeybees. Journal of comparative physiology. A neuroethology, sensory, neural and behavioral physiology, vol, 189., n 3, pg 165-174, 2003. 

Novellino, Dario: From impregnation to attunement, a sensory view of how magic works, The journal of the royal anthropological institute, vol, 44, nº 4, p. 443-456, 1940

Schneider, Marius, El origen musical de los animales símbolo en la mitología y la cultura antigua, Madrid, Siruela, 2010. 

Radtke, Bernd, O ́ Fahey, R. Seán, y O ́ Kane, John, Two sufi treaties of Ahmad Ibn Idrs, Oriens, Vol. 35, p. 143-178, 1996. 

Ransome, hilda M., The sacred bee in ancient times and folklore, NY, Dover Publications, INC, 2004. 

Ramsayer, Kate: Infrasonic symphony, the greatest sound never heard, Science News, vol. 165, n 2, pg 26-28, 2004. 

Tsujiuchi, S., Sivan-Loukianova, E., F. Eberl, D-., Kitagawa, Y. e Kadowaki, T.: Dynamic range compression in the honey bee auditory system toward waggle dance sounds, En. PLoS One, vol. 2, N 2, 2007.

The dancing bee waggles back and forth as she moves forward in a straight line, then circles around to repeat the dance. The length of the middle line, called the waggle run, shows roughly how far it is to the flower patch. Which dance below tells the watching bees that the flower patch is farther from the hive? If you guessed the dance on the left, you are correct!
Bees know which way is up and which way is down inside their hive, and they use this to show direction. How? Bees dance with the waggle run at a specific angle away from straight up. Outside the hive, bees look at the position of the sun, and fly at the same angle away from the sun.

Con este otro movimiento indican que la flor está en las proximidades de la colmena. The round dance tells the watching bees only one thing about the flower patch’s location: that it is somewhere close to the hive. This dance does not include a waggle run, or any information about the direction of the flower patch.
In this dance, the bee walks in a circle, turns around, then walks the same circle in the opposite direction. She repeats this many times. Sometimes, the bee includes a little waggle as she’s turning around. The duration of this waggle is thought to indicate the quality of the flower patch she has found.

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